Hay cosas en la vida que requieren de tiempo y dedicación. 

 

Es verdad que vivimos en un mundo cada vez más rápido. Velocidad, proactividad, e incluso impulsividad, han ido cobrando una importancia inusitada a medida que los negocios se han digitalizado.     

La flexibilidad y los costes en el entorno actual permiten ejecutar ideas y ocurrencias, muchas veces inconexas. No está mal siempre que tengamos clara cual es la dirección de nuestro negocio.

En un entorno como éste, la estrategia y la planificación cobran una importancia aún mayor.  Tener una directriz y ser consistentes y coherentes es la mejor manera para alcanzar resultados de una manera eficiente y perdurable.

Los árboles no crecen de un día para otro. Tampoco lo hacen si no se les riega y se les cuida. Hay cosas en la vida que requieren de tiempo y dedicación.

Trazar un plan con mimo, al detalle, con objetivos claros, seguimiento exhaustivo y constante retroalimentación, es como el que riega la planta, acaricia sus hojas, oxigena la tierra y celebra cada pequeña flor porque sabe que se convertirá en una deliciosa pieza de fruta. 

En los negocios, como en la vida, se trata de ser paciente. Esa es muchas veces la fórmula del éxito: el hacer que las cosas “maduren” con el tiempo, con el ritmo que tienen que llevar. Trabajando, pero sin buscar falsos atajos, con atención al detalle y dejando que la fruta se madure hasta estar en su punto perfecto.