O cómo ser creativos frente a una situación convulsa.

 

¿Cuántas veces no hemos sentido que tenemos puesto el piloto automático y que frenar es una palabra tabú? Hacemos, lanzamos, desarrollamos, diseñamos, vendemos, decidimos… trabajamos, trabajamos y trabajamos sin parar a pensar. Todo a la velocidad frenética que nos imponen nuestros negocios. Y nos contentamos así, acelerados, sin tiempo, a veces hasta nos vanagloriamos de ello. Y de repente nos encontramos con una situación que nos cambia el paso. Que nos cambia la vida. Pero que bien aprovechada, puede suponer un gran regalo. 

A todos esta situación nos rompe la planificación que teníamos, los objetivos se quedan a medio camino, y la supervivencia de nuestra empresa se complica por esta gran incertidumbre. Incluso, nuestras vidas personales se ven afectadas. La reacción natural es el desanimo, la preocupación, incluso hasta la desesperación por no saber si podemos seguir adelante. Pero en todo contexto de crisis, hay rayos de luz. Ideas de negocio alternativas que surgen para intentar paliar los efectos del parón, o nuevas oportunidades que detectamos y a las que podemos responder con los productos o servicios de nuestra empresa. Y más allá de eso, hay un inesperado regalo: tiempo.

Tenemos ante nosotros un momento excepcional para parar, coger aire, sentarnos con calma y pensar. Coger un folio en blanco y entender qué rumbo queremos que coja nuestro negocio, cuál es su objetivo final, y si lo que llevamos haciendo hasta ahora, con ese ritmo frenético, nos va a llevar a él. Aprovechemos este tiempo para respirar, pensar de manera diferente, ser creativos, atrevernos a buscar soluciones diferentes, y ser audaces, exploradores de nuevos caminos. O, simplemente, tener el momento para verificar que lo estamos haciendo bien, y seguir planificando, ya no a corto plazo sino a medio y a largo plazo, cómo vamos a seguir trabajando para mantener esos buenos resultados, o incluso mejorarlos. 

Ahora es el momento, y quizá nunca haya uno mejor que este.